El cine Atlas Lavalle se convirtió en un templo religioso

enero 10, 2012

La calle Lavalle del centro porteño cambia una vez más de fisonomía con la decisión de los propietarios del cine Atlas, de alquilarlo a un culto evangélico que lo convirtió en su templo.

La gran fachada de la sala, que cerró en 2010, luce desde los últimos días de 2011 un cartel central que dice Show de Fe – Iglesia Internacional de la Gracia de Dios, una mesa con libros y promotores que convocan a potenciales nuevos fieles.

Se trata de un culto neopentecostal brasileño fundado en San Pablo, en 1980, que opera en Brasil, Portugal, Estados Unidos, Japón, y el cartel promociona el show de TV que emiten las redes Bandeirantes y RedeTV.

En el cartel aparece la imagen de Romildo Ribeiro Suenes -también conocido como el misionero R.R. Suenes-, líder del grupo que, por lo visto tiene ahora la intención de desembarcar en la Argentina.

Se trata de un desprendimiento de la Iglesia Universal de Dios (que funciona a una cuadra de allí, en el ex Iguazú), comandada por su cuñado Edir Macedo, con el que rompió lazos en 1978.

Dicen que fue Suenes el impulsor de difundir la palabra de la conocida como Iglesia Universal por la TV, antes de hacerlo con su desprendimiento, que ahora aterriza en la Argentina y en la histórica sala del Atlas en la calle Lavalle.

En la actualidad, la agrupación es conducida aquí por Anselmo Baptistelli y también produce programas de radio y TV en emisoras privadas.

El Atlas, diseñado por los arquitectos Alberto Prebisch y José Luis Cuesta, en 1966, con su fachada de cemento, aluminio anodizado y cristal, fue construido en el mismo predio que anteriormente ocupó el Metropol.

Cuenta con una platea y dos inmensas bandejas con 1.900 butacas y una pantalla curva de 23.15 metros de ancho por 10.20 de alto que durante casi cuatro décadas (hasta la aparición del Imax, con una de 22 por 16 metros, en el complejo Norcenter) fue la más grande del país.

En la parte inferior de su amplio hall funcionó un bar con mesas y hasta un microcine, y en el primer piso, las oficinas de la Sociedad Anónima Cinematográfica (SAC), la empresa que administra su destino.

Allí se estrenaron grandes películas extranjeras, desde “Cómo robar un millón de dólares” (en su inauguración en 1967), de William Wyler, y nacionales, como “El santo de la espada” (1969), de Leopoldo Torre Nilsson.

En los últimos tiempos, se lo había acoplado al Normandie, conformando un complejo multipantalla -de ocho salas- para cerca de 3.000 espectadores, que rebautizó a los dos cines como Complejo Atlas Lavalle.

A su cierre circuló la versión de que los impulsores de La Salada estaban detrás de esos grandes edificios, e incluso el Atlas Santa Fe, estuvo al filo de convertirse en un local de ropa deportiva, idea que finalmente no prosperó.

Es importante recordar que en 1936 el arquitecto Prebisch fue el autor del Obelisco, emblema de la ciudad, en su tiempo discutido, y un año más tarde, del cine-teatro Gran Rex, sobre la calle Corrientes, de estilo racionalista.

Hace una década hubo intentos por convertir al Gran Rex en una multipantalla, y más tarde se planeó su reciclaje parcial para que, unido al Bingo Lavalle, terminara convirtiéndose en una especie de casino porteño.

Sobreviven en la peatonal céntrica (que llegó a tener 15 cines), dos multipantallas identificados con la marca Monumental, una la original con estilo Art Déco y la otra ubicada a 50 metros, antes el continuado Electric.

Si bien la SAC dejó de operar las dos salas imponiendo la política de dejar las puertas abiertas para alguna otra empresa que quiera gerenciarlas, como ocurrió con otras que lucían su marca o alquilarlas para cualquier destino.

En las últimas tres décadas, la calle Lavalle fue testigo del cierre definitivo de 11 salas, y de todas ellas sólo dos -el Iguazú y el Atlas- conservan su fachada e interior tal como fueron concebidas.

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