Paciencia terapéutica

enero 17, 2012

 

El otro día, después de almorzar, salí hacia el consultorio médico para hacerme un chequeo de rutina, tenía turno para las 15.30 (ya les conté sobre mi obsesión por quedarme dormida cuando tengo que cumplir con algún horario).

Entonces salí con bastante tiempo como para estar media hora antes, que entre que entrás a la clínica, sacas el numerito, la chica te atiende para pedirte la credencial y completar la solicitud. Además tenés que empezar a discutir con las personas que se meten en el medio “para hacer una preguntita”, ¡loco sacá tu número!, ¿qué te pensás que estoy haciendo acá? A todo esto, como siempre, la señorita que te atiende te avisa que el médico todavía no llegó, y que ya tenés terrible demora, además de cuando preguntas cuantos pacientes tenés adelante, te dice: “Tiene cinco pacientes con turno y otros cinco con sobreturno”, o sea me podés explicar para que mierda me hacés sacar turno, para eso llego como paracaidista, te pido un sobreturno, me alternas por ahí, y magia, me atienden en menos de lo que canta un gallo. Claro, pero, no es mi caso, soy de las que tienen que esperar y esperar. En la sala, te encontrás con varias personas, todas con cara de raya de por sí, pero podés encontrar a los más previsores: están los que se llevan su libro, bastante tupido de hojas de por sí, el que se lleva crucigramas, el que le lleva juguetes a los hijos, y la que se lleva alguna prendita para tejer. Después, te encontrás con los que llegan se sientan, se levantan, van a buscar una revista, vuelven al asiento donde estaban y que macana, le ocuparon el lugar, también está el que mira el techo, el que empieza a hablar con el “vecino” de la sala sobre los horarios de sus turnos y de lo mal organizado que está todo. Después de un par de horas, el médico da en llamarme, entro lo saludo amablemente, aunque ya estaba que sacaba chispas, me prendía de fuego… ¡pero de furia! Si bien… el “doc” no estaba mal. Eh bueno volvamos al asunto, le comento que tanta espera era por un chequeo, y bueno comienza con el control, iba todo bien, aunque el hombre ya estaba cansado, no lo culpo andaba girando de hospital en clínica y en consultorios, pero yo que no sé un comino de medicina le tenía que ir diciendo que hacer, a lo que me dijo: “A esta hora, la única neurona que me quedó despierta está rebotando de un lado para otro”, sí, me reí, pero dejé de hacerlo cuando me iba a hacer el electrocardiograma, primero el aparatito no prendía, después lo logró, pero cuando ya estaba enchufada presta para el examen, el electro se quedó sin el rollo de papel, sin esperar a que me diga nada, ya estaba pensando en una larga cadena de insultos dirigidos a TODOS. Le dije que lo dejemos para la próxima, si había. Me dio una orden para un análisis de sangre, se disculpó y demás, pero yo ya estaba pensando en lo que me esperaba, más turnos, más demora, y encima ¡EN AYUNAS! ¡Noooooo!

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