CUANDO LOS VECINOS SE RESISTIERON A UN GOBIERNO MILITAR

A 40 años del Casanovazo

diciembre 10, 2012

 

Por Alejandro Enrique

El 7 de enero de 1971 el intendente de facto matancero, coronel Emilio Bidondo, firmaba un convenio con Gas del Estado para la instalación del gas natural en San Justo, Ramos Mejía, Villa Luzuriaga e Isidro Casanova. Este acto administrativo provocó al año siguiente una reacción popular en Isidro Casanova que tomó el nombre de “Casanovazo”. En el país imperaba un gobierno militar auto titulado “Revolución Argentina” con el dictador Roberto Levingston a la cabeza al que sucedió Alejandro Lanusse. Era el epílogo de la proscripción peronista y faltaba poco para el retorno definitivo de Juan Domingo Perón.


En La Matanza, el intendente Bidondo había acordado con Gas del Estado una licitación que benefició a la empresa El Fletero con una obra varias veces millonaria. Pero los vecinos rechazaron la obra por el alto costo que los obligaba a asumir una deuda para la cual no habían sido consultados.

En declaraciones al diario Noticias de La Matanza, las autoridades manifestaban que “La obra tenía como prioridad a Isidro Casanova, unión de las ciudades de San Justo, Ramos Mejía, y Villa Luzuriaga”, que involucraba aproximadamente a 200 mil habitantes. En Casanova, la red iba a afectar cerca de 25.000 personas, gran parte de ellos generaron una resistencia que tenía pocos antecedentes en La Matanza.

El 29 de marzo de 1971 el hoy desaparecido Cine Gran Casanova se colmó de vecinos que querían saber de qué se trataba ese emprendimiento que los obligaba -a lo largo de 36 meses- a pagar de sus bolsillos la red de gas. «Un día vamos a pedirle algo a Bidondo y nos cuenta que se había aprobado la obra del gas. Y nos invitó a la presentación que se hacía en el cine. Entonces, uno de los vecinos le dice que en Morón la obra había costado 40.000 pesos y que era mucho dinero. ‘No, acá va a salir menos’, le respondió Bidondo. Cuando la empresa pasó el costo por casa nos terminó costando 70.000 pesos», memoriza 41 años después uno de los protagonistas, Eduardo Larraquy. Según lo reflejaban los diarios de la época, la empresa El Fletero -ganadora de la licitación- cotizó la obra a un valor de 6.600 pesos por metro de frente. Esto daba 66.000 pesos por casa.

Ante estas primeras movidas las autoridades militares optaron por dividir a la sociedad casanovense. El dictador Bidondo tenía como costumbre visitar periódica-mente las entidades intermedias del Distrito y aprovechaba para convencerlos de que «las obras nos benefician a todos». En un derroche de optimismo los funcionarios anunciaban el fin de la obra en 300 días.

Se equivocaron rotundamente ya que hubo que esperar casi cuatro años para darle fin a la red. La resistencia empezó en forma pacífica, pero fue radicalizando sus métodos, fundamentalmente cuando no aparecieron las respuestas por ellos esperadas.

La formación política de aquella generación ayudó a organizar la rebelión. Algunos del peronismo, otros de la Democracia Cristiana y otros de la Izquierda fueron los que se involucraron en la resistencia. «En la Lucha del Gas tomé la posta de mi padre, que estaba muy enfermo. Luego de una reunión de 90 vecinos en la que mi padre dijo que no había que pagar los caños de gas porque cuando él subía al colectivo pagaba el viaje pero no el asiento que usaba», recuerda hoy Pedro Carbone.

Esa organización vecinal que fue creciendo de apoco llevó a que en julio de 1971 la situación se hiciera inmanejable para el gobierno militar de La Matanza. Los militares tenían en sus manos un problema político y no sabían por dónde empezar. Los vecinos organizados ya habían entrado en estado de desobediencia y a la impugnación de la obra se sumó la inscripción de algunos vecinos en el «Registro de Oposición». Fue tanta la torpeza política de Bidondo que hasta cayó en una redada tendida por los rebeldes. Lo habían invitado a un acto organizado “a favor” de la empresa y de la obra. Cuando llegó con representantes de El Fletero se encontró con vecinos que se oponían y criticaban los costos de la obra. Se armó una revuelta bárbara.

La estrategia de los vecinos era desconocer los alcances de la obra. Mientras que la táctica de la empresa contratista era comenzar con el cobro casa por casa; y no siempre lo hacían de buen modo. Los promotores de El Fletero recorrían las viviendas del pueblo para cobrar las cuotas de la obra, pero en algunos casos se topaban con respuestas como la de un viejo anarquista italiano (conocido como El Bande) que espantaba a los cobradores a los cachetazos o con una cuchilla.

La situación dividió al pueblo entre los que querían pagar lo que decía el Municipio y los que querían discutir los costos de la obra. Para profundizar la lucha se formó la Comisión de Vecinos para la Revisión de la Red de Gas. Esto parecía absorber la actividad interna de la institución porque en verdad todo el pueblo estaba embarcado, a favor o en contra, en un pleito del cual era imposible abstraerse.

En el año 1972 la lucha prosiguió con el corte de la Ruta 3 (entre León Gallo y Marconi) a lo que se sumó una gran manifestación de vecinos que algunos calificaron como «El Casanovazo». Las fuerzas represivas que envió la Dictadura de Lanusse hizo que esa primera interrupción de la ruta en la historia de Casanova debiera levantarse. El hecho que en principio había surgido de la oposición de unos pocos vecinos ya había trascendido las fronteras de La Matanza para nacionalizarse.

Pero aguardaba aún el momento más ten-so de la Lucha del Gas. Para extremar una salida a favor de los vecinos un grupo no identificado colocó un explosivo en las oficinas de El Fletero ubicada en San Justo y a muy pocos pasos del Palacio Municipal. El artefacto estalló la noche del 24 de mayo de 1973, a horas de la asunción del in-tendente Francisco Larraza. Nunca nadie se adjudicó el atentado, y casi cuatro décadas después los pocos protagonistas de aquel hecho prefieren no hablar. Ese episodio precipitó una solución y, ya con Larraza en funciones, las autoridades nacionales facilitaron una salida a aquella encerrona política.

Para cuando llegó el final del conflicto algunos vecinos ya disfrutaban del servicio domiciliario de gas natural. Era todo un progreso para el pueblo. Pero el verdadero éxito fue torcerle el brazo a una Dictadura que quiso imponer un negocio con el bolsillo de los vecinos.

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