OPINIÓN

La gerontocracia aprieta

octubre 15, 2013

Diversas líneas internas del peronismo de La Matanza viven tiempos de especulación, hablan de dos escenarios distintos con el 27 de octubre como frontera y la aparición de Sergio Massa simboliza la posibilidad de extorsión a la gestión.

Por Claudio Kappeler
ckappeler@periodicosic.com.ar

“Antes no teníamos red”, se escucha de boca de un viejo pope de la política local. Con otras terminologías la frase se replica en más costados, siempre con un común denominador: el derecho de autor corresponde en todos los casos a representantes de la gerontocracia matancera, esos que con el correr de los años se hicieron planta permanente del poder de turno y cambiaron los ismos según sus conveniencias.

Cualquiera que intente poner en relieve y/o debate sus supuestas construcciones políticas

-siempre muy supuestas-, se vuelve una amenaza y hay que debilitarlo. Como leña sirven los rumores sobres fugas luego desmentidas, las advertencias de renuncias grupales y la calculadora de contar concejales. El papel de diario de la comunicación interna también vale en este juego y sus dueños apuestan medios plenos.

Hasta hace sólo tres meses, Fernando Espinoza era un potencial presidente de Cámara y posterior gobernador o vice; hoy resulta ser que el intendente de La Matanza ya está en tiempo de retirada y la sucesión la decidirá el grupo de selectos monotributistas políticos.

“Este es un modelo acabado”, dice, teléfono de por medio, un aparente exrepresentante del oficialismo local. Empero oculta que la decisión es en realidad pelear espacios de poder y para eso usarán al massismo como sociedad posible, por ahora es una sociedad anónima.

Como muestra del apriete de ida y vuelta, hay quienes están golpeando las puertas del Concejo Deliberante y, en caso de no abrirse, prometen ingresar por la ventana. Desde adentro, en tanto, quieren nuevos títulos. El Intendente sigue el camino con una foto que no parece azarosa: al lado de Cristina Kirchner y más cerca que nunca de Daniel Scioli. La pulseada empezó, despacio, pero empezó.

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