TODO EL ARCO POLÍTICO DESPIDIÓ A ALBERTO BALESTRINI

Se fue el último unificador que gobernó La Matanza

abril 19, 2017

Fue un líder carismático y arriesgado. Desde todos los sectores políticos se respetó su figura. Capaz de sentar en una misma mesa a dos figuras antagónicas. Su apellido llegó al nivel de Federico Russo para el peronismo de La Matanza. Desde los cargos, superó a todos. 

 

En la foto que precede a este texto se puede resumir la figura política de Alberto Balestrini. Sí, una imagen en la que él no aparece, en su oficina, donde se ponía fin a un conflicto social que entraría en la historia fea de la Argentina. Ese día, en la oficina del por entonces intendente de La Matanza, la ministra de Trabajo Patricia Bullrich, el gobernador Felipe Solá, el secretario de Empleo Horacio Viqueira, el líder piquetero Luis D’Elía y el titular de ATE Miguel Federico firmaban un acuerdo mediante el cual se levantaba el corte de ruta más largo que se haya registrado hasta entonces en el país. El hacedor de ese encuentro fue Balestrini, el mismo que días antes estuvo en Isidro Casanova, sobre la ruta, entre las cacerolas humeantes y las carpas con el olor denso de los días.

La imagen resume a un tipo que no pretendía estar en las grandes vidrieras, actitud criticada hasta por su propia esposa quien insistía en que debía hacer publicidad de sus obras de Gobierno. Sin embargo, desde ese casi anonimato mediático pudo lograr lo que cualquier dirigente político de La Matanza desearía.

El arriesgado. Eduardo Duhalde lo eligió por no tener “prontuario” y lo mandó a pulsear contra Alberto Pierri en una interna. Desde 1989, Pierri comandaba La Matanza con Héctor Cozzi como títere y se suponía invencible. Pero el por entonces senador bonaerense Balestrini no sólo le ganó esa elección sino que tiempo después dejó a Lidia Pinky Satragno sin la intendencia, lugar que ya festejaba la Alianza.

Navegar las aguas de estas tierras no le fue fácil. Tuvo un fuerte tropezón cuando dijo que en el Distrito no había dirigentes con las capacidades necesarias para formar parte de su Gabinete. El peronismo le saltó a la yugular. aprendió entonces que debía gobernar con todos porque, de lo contrario, su estadía sería corta.

El transversal. Cuando asumió la intendencia se puso en un bolsillo al radicalismo local, que por entonces era una fuerza de peso específico propio. Ese bloque más el Frepaso comandado por Herminio Bayón no fueron un problema para el oficialismo. Tan así que tiempo después Bayón sería su secretario de Obras Públicas y años más tarde Silvia Caprino (UCR) se convertiría en defensora del Pueblo.

Esa característica se fue potenciando en Alberto Balestrini. “Ganamos compañeros”, gritó en mayo de 2001 Luis D’Elía frente a miles de manifestantes que esperaban a la altura del kilómetro 22 de la ruta nacional 3 saber qué había pasado en la reunión con el Gobierno. Ese triunfo correspondía también al intendente de La Matanza que desde entonces sería uno de los mayores aliados de los movimientos sociales.

El ganador. El triunfo se fue haciendo una costumbre y en 2001 rompió cualquier pronóstico cuando ganó la elección local con más de 194 mil votos y se quedó con las 12 bancas en juego. Ese resultado sería emulado diez años después por Fernando Espinoza que también ganaría todos los escaños.

El audaz. En momentos en que el país vivía una total incertidumbre, por su despacho pasaron por ejemplo Juan Manuel De la Sota y Adolfo Rodríguez Saá como posibles candidatos a presidente del peronismo. Sin embargo, Balestrini optó por Néstor Kirchner, el menos pensado, el que menos apoyo tendría, el que después quedaría en la historia.

Los triunfos continuaron y el jefe político de La Matanza comenzó a recorrer otros pasillos. Se convirtió en presidente de la Cámara de diputados de la Nación y años después en vicegobernador de la provincia de Buenos Aires.

El hacedor. Su relación con los gobiernos Nacional y Provincial y su insistencia en cuanto a las necesidades del Distrito permitieron ejecutar obras postergadas. Cloacas, agua potable, asfalto, puentes, ensanchamiento de rutas fueron algunas de las materias en las que Balestrini fue punta de lanza.  La obra pública fue sin dudas la característica de su gestión dentro y fuera de La Matanza.

El hombre. “Si alguien me decía hace 27 años atrás que iba a estar hoy, en estas circunstancias, en este lugar, y nada más y nada menor que como presidente del Partido Justicialista (…), la vida política me lo dio todo, no me falta absolutamente nada”, diría emocionado desde un atril.


Hasta ese momento, había logrado lo que ningún dirigente del Distrito. Porque Alberto Pierri fue presidente de la Cámara pero nunca intendente y, mejor todavía, porque Pierri convocaba desde el poder y la plata, no desde el carisma de un militante de barrio.
Lo que tal vez el hoy fallecido Alberto Balestrini no supo es que también logró quedar en donde hasta el momento solo Federico Russo había estado. Lo demuestran las redes sociales cuando cientos de dirigentes y referentes barriales lo recuerdan como el líder -el conductor, como gusta decir al PJ-. Tuvo todo lo que un dirigente de La Matanza pueda soñar, incluso cuando ya no pudo disfrutar de ello.


 

 

 

 

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