LA PLANTA ESTA TOMADA

Las trabajadoras de la fábrica Suchen van por el sueño de la cooperativa

septiembre 24, 2019


La planta dejó de producir en julio de este año, momento en el cual los responsables de la firma dejaron a la deriva a 100 empleadas, adeudando salarios, sin pagar indemnizaciones y desentiéndose del conflicto. “Formalmente no fuimos despedidas y tampoco se declaró la quiebra”, contó una de las damnificadas

“Decidimos que es necesario conformar una cooperativa porque no podemos seguir así”, dice Elena Reisch, trabajadora de Suchen S.A., la fábrica de golosinas y galletitas de Rafael Castillo que dejó de producir en julio cuando los responsables de la firma dejaron a la deriva a más de 100 empleadas, adeudando sueldos, e indemnizaciones y
desentendiéndose del conflicto.

Una vez que los responsables de la firma se “desvanecieron”, las trabajadoras tomaron la planta ubicada en Manuel Estrada 295, y desde entonces realizan guardias las 24 horas, con el objetivo de preservar la fuente de empleo y cuidar las maquinarias. “Técnicamente no fuimos despedidas, no recibimos ningún telegrama, ni se declaró la quiebra de la fabrica”, explica la mujer.

Sin despidos formales ni una declaración de quiebra en la justicia, la deuda por salarios y cargas sociales se sigue acumulando desde el mes de junio. “Simplemente se fueron y nosotras quedamos dentro de la fábrica”, resume Reisch.

Las maniobras de vaciamiento, según el relato de las trabajadoras, habían comenzado en noviembre de 2018, cuando sus dueños cambiaron la razón social de la empresa, de Suchen S.A. a Ateparece, presuntamente debido a la deuda acumulada con la AFIP por el incumplimiento de cargas sociales, entre otras cuestiones.

Fue a partir de ese momento que la empresa cesó la compra de materia prima y suspendió la producción de girasol, de mielcitas y de los alfajores Suchen, en sus versiones triple y simple.
A tres meses de la toma de la planta, los responsables de la empresa no dan la cara. Mientras tanto, otra deuda que crece, es la de los servicios de luz, agua y gas, aunque todavía no fueron suspendidos.

La situación que atraviesan las trabajadoras es crítica y se están asesorando sobre los requisitos para conformar una cooperativa de trabajo y volver a producir. “Nos estamos asesorando con una abogada, para hacer las cosas bien porque sabemos que como trabajadoras tenemos todas las de perder. Son los empresarios con dinero los que pueden hacer lo que quieren, como hicieron con nosotros”, lamenta Helena Reisch.

De acá no se mueve nadie

Hasta julio de este año, Suchen S.A. contaba con 101 empleadas. “Hoy, seguimos casi la misma cantidad que al principio. Parte de la administración se fue y algunas personas que buscaron otro trabajado, lo cual es entendible. Pero somos más de 90 mujeres las que nos quedamos”, detalla la mujer.

Si bien en el inicio del conflicto laboral hubo audiencias en la Secretaria de Trabajo y hasta se presentó un proyecto de resolución ante la Cámara de Diputados de la Provincia, instando al gobierno de María Eugenia Vidal a que “intervenga de forma inmediata en el cierre de la empresa SUSCHEN S.A. y disponga de los instrumentos necesarios para que los trabajadores no sean despedido y dejados sin indemnizaciones”, las trabajadoras no tuvieron respuesta alguna.

“Solo una vez se acercaron en representación de los dueños, porque no les conocemos las caras, y propusieron indemnizar a un 50 por ciento de las trabajadoras y al otro 50 le ofrecían empezar de cero, perdiendo antigüedad y el reconocimiento de categorías. Por supuesto que no se aceptó, nada garantizaba a ese 50 por ciento no ser despedido al mes siguiente”.

En la Secretaría de Trabajo, las damnificadas mantuvieron tres audiencias. En la primera, asistieron los abogados de la empresa “a tomar vista” de la situación. En la segunda, nuevamente acudieron los letrados, motivo por el cual los funcionarios públicos exigieron que los dueños de la firma se presenten, pero esto nunca ocurrió.

“Desde la Secretaria no se preocuparon, dejaron liberadas a las partes y quedamos totalmente desprotegidas legalmente”, remarca la trabajadora de la empresa que se había instalado en el distrito en 1976.

El caso de Suchen, es uno más de las empresas que debieron cerrar sus puertas. La inflación imparable, las subas en el dólar, el aumento de las materias primas y la suba de tarifas de servicios, hicieron insostenible la actividad.

Sobreviviendo

En un difícil contexto social y económico, las trabajadoras de Suchen S.A. buscan día a día estrategias para sostenerse. Muchas de ellas son sostén de familia, alquilan y deben hacer frente al desalentador panorama solas. “Las chicas que se fueron consiguieron trabajo en casa de familias, dos o tres veces por semana, no lograron tener fijo. La situación está muy difícil”, cuenta Elena.
De la misma manera, aquellas que quedaron en la fábrica, intentan buscar “algo provisorio” para hacer frente a las obligaciones y necesidades cotidianas. “Pero nada es suficiente”, remarca.

Una de las maneras que encontraron para paliar la falta de un ingreso fijo, fue recurrir a la elaboración y venta de comestibles, además de realizar festivales para recaudar fondos. Además, las familias reciben donaciones de organismos sociales y asistencia de la Municipalidad de La Matanza.

En tanto, recibir el apoyo de la comunidad se ha convertido en un pilar fundamental para las mujeres de Suchen. “Estamos muy agradecidas porque nos dan aliento. Tenemos altibajos y es necesario levantar el ánimo. El festival que hicimos fue una inyección importante de esperanza”, marcó Reisch.

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