RAFAEL CASTILLO/VIRREY DEL PINO

Comedores comunitarios, única opción de alimentación de familias de bajos recursos

octubre 31, 2019


Tienen espacios físicos reducidos y pocas herramientas pero hacen lo imposible para ayudar a los que menos tienen en sus mismos barrios. Una vez que la voz se corre, se hace muy difícil cumplir con la demanda.


Al finalizar su mandato Mauricio Macri habrá dejado 5 millones de nuevos pobres en la Argentina. Las políticas neoliberales llevadas adelante desde el 10 de diciembre de 2015 han devastado a la clase media y son miles las familias que se han visto obligadas a recurrir a comedores y merenderos.

En un duro contexto social, que ha ido empeorando, la necesidad de abrir lugares que brinden asistencia alimentaria fue creciendo. En los barrios son los mismos vecinos que se ponen al hombro esta tarea, en la mayoría de los casos, con pocas herramientas pero con mucha voluntad.

La situación en muchos barrios llega a ser extrema. “Se nos fue de la mano y la mercadería no alcanza”, cuenta Graciela, integrante del Club Abadía de Rafael Castillo, que se ubica en el barrio del mismo nombre. Allí lo que comenzó como un espacio deportivo luego sumó los servicios de merendero y comedor.

En un principio, el servicio era exclusivamente para los chicos del club y sus hermanos pero la necesidad de muchas familias del barrio hizo que hasta 220 personas esperen por una ración de comida.

“Nos encontramos con este inconveniente, no damos abasto. Personas que no son del club se acercan a pedir y muchas veces no podemos darle porque no alcanza”, lamentó la mujer que hace 5 años, junto a un grupo de vecinos del barrio Abadía, comenzó el proyecto deportivo.

El objetivo era sacar a los chicos de la calle y la intención siempre fue sumar un comedor. El barrio es una zona muy carenciada de familias de escasos bajos recursos. En la actualidad, el club tiene 168 chicos fichados en una liga infantil de fútbol. Además, hay otros 20 niños que se acercan a entrenar sin estar inscriptos.

Pero aunque tengan buenas intenciones, no cuentan con los recursos suficientes para cubrir las necesidades de todas las familias que se acercan. La Abadía reparte la merienda y cena de lunes a viernes y son muchas las personas que se quedan afuera.

“No tenemos las herramientas, en el club hacemos todo a pulmón. En alguna ocasión tuvimos que parar porque no podíamos comprar lo necesario cocinar y usamos leña porque no tenemos cocina”, contó Graciela.

“Nos duele tener que decir que no”

La situación de vulnerabilidad es tal que son muchas las familias que si no buscan su vianda no comen. La mercadería que reciben es para 150 chicos y por la delicada situación económica no es suficiente. “Nos duele tener que decir que no”, manifestó Graciela.

Una situación similar se vive Corazones Felices, que tiene en total 3 sedes en Virrey del Pino, brindando asistencia alimentaria a 80 chicos y, en muchos casos, también a sus mamás.
“Hemos tenido hasta 200 personas durante las semanas de inundaciones”, detalló Marcela, una de las impulsoras del proyecto que inició con los tradicionales festejos por el Día del Niño que se desarrollan en casi todos los barrios de La Matanza.

La vulnerabilidad de las familias fue creciendo en el último tiempo, así como la necesidad de alimentos. “La gente pide comida. La realidad es que no hay trabajo, se vive una situación muy complicada”, advirtió Marcela.

Como Abadía, este proyecto de asistencia alimentaria se desarrolla de lunes a sábados y en muchas ocasiones también los domingos. Se establecen lugares específicos en los barrios para repartir las viandas porque no cuentan con un espacio físico preparado para recibir a todos.

Tanto el Club Abadía como Corazones Felices reciben la colaboración del concejal Héctor Mantello, integrante del espacio político Red x Argentina, quien oficia de nexo con la Secretaría de Acción Social local y se ocupa de acercar carne, verdura y fruta a los emprendimientos solidarios.

“A nosotros eso no sirve un montón porque la realidad es que no tenemos recursos para trasladarnos a buscar la mercadería. El único ingreso del club se obtiene del bufé cuando juegan de local, la cuota social no es abonada por la mayoría, pero no se les exige, se los recibe igual”, explicó Graciela, del Club Abadía.

Según explicó el edil “en La Matanza hay alrededor de 500 comedores y por la necesidad que hay no solo comen los chicos, sino que también los grandes”. “Hay veces que no se da abasto y hay que buscar la forma de ayudar desde otro lado”, agregó.

Además, Mantello destacó el rol de las familias que se ponen al hombro los comedores y merenderos, como así también la decisión política de la intenta Verónica Magario de poner todos los recursos a disposición para paliar la crisis alimentaria.

El deporte como salvación

El Club Abadía, que se encuentra en el barrio del mismo nombre en Rafael Castillo, comenzó hace unos 5 años. “Estamos al lado de un zanjón y veíamos a los chicos metiéndose ahí, cazando ranas en un lugar que está contaminado. Empezamos a charlar con ellos y los hacíamos jugar en un canchita. De a poco se fueron entusiasmando y acercando para participar. Así se formó Abadía”, recordó Graciela.

Para jugar de locales tenían que alquilar una cancha pero este año lograron tener un espacio propio. “Le damos mucha importancia porque el deporte es fundamental para que los chicos n

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