La actriz y realizadora Sandra Sandrini, hija del recordado artista Luis Sandrini, reconstruyó la vida y la obra de su padre en una película que demandó años de trabajo y que recupera el impacto humano y artístico de una de las figuras más emblemáticas del cine argentino.
Por Florencia Belén Mogno
El cine argentino construyó, a lo largo de su historia, una galería de figuras que trascendieron la pantalla y se convirtieron en parte de la memoria cultural del país. Entre ellas, algunos nombres lograron establecer un vínculo especial con el público a partir de personajes cercanos, historias populares y un estilo interpretativo capaz de combinar humor, emoción y sensibilidad social.
Ese legado no solo permanece en las películas que dejaron, sino también en la manera en que esas obras continúan dialogando con nuevas generaciones. En ese universo de referentes, la figura de Luis Sandrini ocupó un lugar singular. Protagonista de decenas de películas desde la década de 1930, el artista logró consolidar un lenguaje cinematográfico profundamente popular que conectó con públicos de distintas épocas.
En ese sentido, revisitar su trayectoria no solo implica recordar a un actor fundamental, sino también reflexionar sobre una etapa del cine argentino en la que las salas de barrio funcionaban como espacios de encuentro colectivo.
En ese marco se inscribe el documental “Sandrini”, dirigido por Sandra Sandrini, actriz, guionista e hija del recordado intérprete, quien dialogó con el comunicador Carlos Alberto Scavuzzo sobre el proceso creativo detrás de la película, que recientemente tuvo nuevas proyecciones.
Sandrini eterno
En principio, la realizadora se refirió al desarrollo del proyecto y comentó:
“Llevó mucho tiempo y mucha dedicación. Es una película extensa, que tiene muchos elementos para contar. Yo me propuse narrar quién fue Sandrini y volverlo a traer a través de sus películas”.
“Hubo un trabajo de edición muy grande que realizó una de mis hijas para poder rescatar esos momentos tan mágicos que ocurrían en sus películas. Había escenas muy especiales y se hizo un trabajo muy profundo. Yo me siento contenta porque creo que eso se logró en la película. También la música, que fue compuesta por mi otra hija”, agregó.
Por otra parte, la artista reflexionó acerca de la importancia de la figura de su padre para el cine nacional y sobre cómo su legado logró trascender generaciones.
“Hay algo muy lindo, y es que mucha gente joven, que tal vez lo ve por primera vez, se ríe, le gusta y se emociona. Eso es maravilloso, porque hay algo que es muy esencial, y lo esencial no muere: puede quedar desconocido por un tiempo, pero no desaparece”.
En esa línea, Sandra habló sobre la conexión que su padre lograba con el público y sostuvo que “era muy particular en lo que hacía, muy especial. Llegaba muy profundamente a las personas, tanto desde la risa como desde la emoción”.
Continuar con el legado
En sintonía, la realizadora continuó reflexionando sobre la importancia de la figura de Luis Sandrini para el cine nacional y sobre la manera en que el actor supo construir un vínculo de cercanía y afecto con el público.
“Más allá de un lenguaje popular y sencillo, como el de sus películas, él profundizaba mucho en lo que hacía. Eso es lo que, particularmente, más me atrae de su obra. Dentro de un lenguaje popular hay algo que logra profundizar sin buscarlo explícitamente, sino a través de lo que produce, y eso es maravilloso”.
En otro momento de la entrevista, la realizadora habló sobre el recorrido del documental, que llevó adelante junto a sus hijas.
“Estuvo proyectándose cuando se estrenó en el Cine Gaumont. Y ahora, si Dios quiere, tendrá un segundo recorrido en distintos lugares donde me convoquen o donde pueda presentarlo”, contó.
Un logro familiar
Sandrini también brindó detalles sobre el proceso de construcción del documental sobre su padre.
“Esta película tardó alrededor de ocho años en realizarse, aunque fue por etapas. En realidad, el proyecto surgió a partir de otra persona que me convocó, pero finalmente esa iniciativa no prosperó”.
Sin embargo, la realizadora decidió continuar por su cuenta.
“Como ya había abierto muchas puertas y a mí me gusta mucho escribir —estudié guion y me interesa mucho el cine— tuve que tomar una decisión y dije: ‘sí, voy a continuar’. Entonces seguí adelante, y todo esto llevó muchísimo tiempo”.
Además, explicó que el proyecto atravesó diferentes dificultades, entre ellas cuestiones de financiamiento.
“En un comienzo tuvo el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, pero después el organismo atravesó un proceso de reorganización. Pasaron muchas cosas, pero siempre logramos rescatar la película y terminarla con mucho esfuerzo, y gracias también a mis hijas, que aportaron su capacidad profesional. Sin ellas no lo hubiera podido hacer”.
En ese sentido, la entrevistada también destacó el acompañamiento del crítico y conductor Carlos Morelli.
“Tuvo un enorme cariño hacia mi papá y una gran amistad con él. Ese afecto lo trasladó a este proyecto, porque la primera palabra que habilitó el comienzo de esta película fue la suya. Por eso yo le digo: ‘vos sos el gestor espiritual de este proyecto’. Siempre estuvo apoyando, vino con muchas ganas a las presentaciones, y yo le agradezco muchísimo porque es una forma de perpetuar la amistad que tenían”.
El valor histórico del cine argentino
Durante la conversación, Carlos Alberto Scavuzzo y Sandra Sandrini también reflexionaron sobre lo que representó el cine argentino en el pasado, especialmente en relación con los antiguos cines de barrio y los cambios que se produjeron con la expansión digital y la transformación de la industria.
En ese sentido, la directora expresó:
“Yo pienso que el cine era como una ventana hacia lo posible de la vida. Mucha gente dice: ‘yo iba con mi mamá y veía tres películas en el cine de mi barrio’. Y muchas veces me han contado: ‘veíamos a Sandrini’. Era algo que permitía descubrir otras realidades, emocionarse y sentir la vida”.
“El cine abría una ventana a lo cotidiano, y lo sigue siendo, aunque de una manera distinta. Cada época tiene cosas lindas, buenas y también complicadas. Pero el cine de barrio fue algo muy hermoso de esa etapa, porque le dio muchísimo a la gente”.
Finalmente, Sandra Sandrini expresó lo que significó para ella concretar este documental sobre la vida de su padre.
“Yo tengo una satisfacción muy grande. En las presentaciones sentí que las personas que estaban viendo la película se sentían bien, que acompañaban la historia más allá del cariño que puedan tener por Sandrini. Y eso me hizo muy bien, me gratificó muchísimo”.