Melina Brezesky tiene 20 años, desde el accidente se encuentra inmovilizada. Sufrió una fractura de fémur expuesta, de dos vertebras lumbares y de sacro. Según denunció su familia, la empresa de transporte público se niega a cubrir el tratamiento y la rehabilitación que la víctima necesita.
Por Soledad Martínez
smartinez@periodicosic.com.ar
El 25 de enero de 2015, Melina había ido a pasear al Shopping de González Catán, ubicado a la altura del kilómetro 29 de la Ruta Nacional N° 3. Cuando decidió regresar a su hogar, se dirigió a la parada del colectivo y cuando esperaba, un interno de la línea 620, de la empresa Nuevo Ideal, embistió la garita de cemento, impactando sobre una decena de personas.
Melina quedó bajo los escombros gravemente herida. “Después del impacto quedé en un estado de shock, sólo recuerdo que me vi la herida, que podía ver el hueso de mi pierna y mucha sangre. Un hombre me sacó de debajo de los escombros y el chofer del colectivo se acercó a preguntarme si estaba bien”, relató la joven.
Tras el accidente, Melina fue trasladada al Hospital Interzonal de Agudos Diego Paroissien de Isidro Casanova, donde permaneció internada durante 62 días. Luego fue dada de alta y siguió su recuperación en su casa de Rafael Castillo, pero la salud de Melina comenzó a complicarse, debido a una infección que se produjo en el fémur. Según los estudios realizados, esa afección terminó en una osteomielitis crónica.
“Desde que me fui del hospital no se me hizo ni un análisis de sangre, mientras la infección avanzaba y avanzaba”. Debido a la infección, el 11 de noviembre, la joven fue internada en la Clínica Amta, que se encuentra en Ciudadela y cuyo costo cubrió el seguro de la empresa.
“Un día, empecé con vómitos y así estuve los últimos 15 días de internación, hasta que me echaron”, dijo la joven. El 11 de febrero, argumentando que el establecimiento médico no estaba preparado para tratar el problema de salud de Melina, la dejaron sin atención médica y la mandaron a su casa.
Sin cobertura médica alguna y sin que la empresa de transporte público se hiciera cargo de su rehabilitación, Melina quedó a la deriva, sin recibir el tratamiento antibiótico que necesitaba. Guillermo Brezesky, padre de Melina, se dirigió a la Secretaría de Salud de La Matanza en busca de ayuda. La joven fue internada nuevamente en el Hospital Alberto Balestrini de Ciudad Evita y allí la infección fue controlada.
Sin embargo, la infección no es el único factor que complica la salud de la joven. Por la fractura de fémur y la pérdida de 10 centímetros de hueso, a Melina le colocaron un tutor, que es un soporte de metal que mantiene la pierna de la joven recta. “La empresa se encargó de comprar el tutor, y compró el más barato y uno que no es el adecuado para la recuperación de mi hija”, contó Guillermo Brezesky.
El padre de la víctima del accidente explicó: “El tutor le quita flexibilidad en la rodilla, la cual está a punto de perder. La pierna quedó destrozada y se está perdiendo tiempo esencial para su recuperación, pero la empresa no se hace cargo de nada”.
Debido a la infección, el tutor no puede ser reemplazado. Según Melina, desde la empresa les dijeron que averigüen el presupuesto y ellos determinarán si cubren el costo. “Si no quieren pagarlo, les va a tocar hacer lo imposible a mis viejos para poder pagarlo ellos”.
Tanto la silla de ruedas, como clavos y planchuelas especiales que se necesitaron para intervenir a la joven, fueron compradas por la familia de la joven. La empresa tampoco se hizo cargo de las intervenciones a la que fue sometida y en la actualidad no es responsable de los traslados de Melina. “No tenemos vehículo propio y gastamos entre $400 y $500 cada vez que tenemos que llevarla para que la atiendan”.
En la actualidad, la familia lleva adelante un juicio contra la empresa. “La Justicia tiene que actuar rápido, mi hija necesita ser operada y cada hospital al que vamos no la quieren tomar, se declaran incompetentes, porque su estado es muy complejo. Ella necesita cirugías y rehabilitación lo antes posible”, dijo Guillermo Brezesky.
“Este accidente nos robó la vida”
“Yo dejé de vivir hace un año, aunque no me morí, a esto no puedo llamarle vida”, se lamentó la joven que desde el accidente no puede movilizarse por sus propios medios y debió posponer todos sus proyectos. “Ahora tengo que estar pendiente y preocupada por si el seguro se hace cargo y paga las cosas, por si me quieren o no atender en los hospitales”, detalló la joven.
No solo la vida de Melina se vio afectada, sino la de toda su familia. El padre de la joven contó: “Yo terminé perdiendo mi trabajo. Esto fue un vuelco total en nuestras vidas, en lo cotidiano, en lo económico, en todo”.
“Mi vida antes del accidente era lo más normal. Había terminado la secundaria y después de rendir una materia que me había quedado me iba anotar en el curso de ingreso en la Universidad”, contó Melina sobre su vida antes del accidente.
Además, la joven agregó: “Salía a bailar, me encantaba hacer deporte e iba al gimnasio, cosa que calculo no voy a poder hacer nunca más en esta vida, me gustaba caminar y salir de compras o salir a pasear al shopping con mis hermanas. Todo eso que era mi vida lo perdí. Muchas cosas no voy a poder volver a hacer nunca más. Y otras con tiempo, mucho tiempo, tal vez vuelva a hacerlas, aunque obviamente después de esto nada va a ser como era”.
Una vez que la infección sea controlada, pueda cambiarse el tutor y llevarse a cabo las cirugías necesarias, Melina necesitará varias sesiones de rehabilitación diaria para recuperarse. Debido a la gravedad de las fracturas y la negativa de la empresa a cubrir el tratamiento necesario, la salud de Melina se deteriora y las posibilidades de una óptima recuperación disminuyen.