Con Espinoza como principal protagonista, el oficialismo analiza variantes hacia 2017

para-3-politicaEl objetivo máximo es que el exintendente llegue como uno de los principales candidatos a diputado. Ante cualquier revés, se piensa en reforzar la lista local. Mientras Verónica Magario gana podio, una funcionaria municipal es prematuramente mencionada como potencial sucesora.

Por Claudio Kappeler

La herida por el no pudo ser todavía no cierra. Todo el despliegue para que Fernando Espinoza fuese candidato a gobernador y más tarde el desgaste de su precandidatura a vice no sana tan rápido y deja rencores. Tal vez por eso nadie entienda aún con certeza hacia dónde caminan el exintendente y Verónica Magario. Tal vez porque esa es la idea: que nadie crea tener en La Matanza la vaca atada.

Se muestran con gente cerca a Sergio Massa en La Matanza por ejemplo comparten escenarios con Julio Ledesma, hablan de unidad del Partido sin dejar a nadie afuera, pero también participan del principal acto en el aniversario de la muerte de Néstor Kirchner donde Máximo es figura.

La idea de Fernando Espinoza parece haber cambiado. Ya no piensa morir en la puerta esperando que alguna lapicera escriba su nombre. Ahora quiere evitar esa muerte y si hay que saltar de caballo se salta. El único límite son las fronteras del peronismo.

En 2015 su imagen se multiplicó en medios de comunicación y campaña gráfica con el objetivo de ser el candidato a gobernador de Daniel Scioli. No se trataba de una idea alocada que no tuviese sustento en el riñón del Gobierno Nacional. Al ahora exintendente de La Matanza lo citaron para decirle que no había dudas: él sería el único candidato a gobernar la provincia de Buenos Aires.

Al poco tiempo, cuando ya todo estaba desplegado, le informaron que su compañero de fórmula sería un vecino poco amigo del PJ, el exintendente de Morón Martín Sabbatella. Pero Espinoza no quiso saber nada y así lo hizo saber. La opción que el matancero barajaba era la de Cristina Álvarez Rodríguez, vetada por el kirchnerismo.

Ante el no rotundo de Fernando Espinoza, el Gobierno decidió imponer como precandidato a Julián Domínguez y al matancero le dieron el segundo pueto algo a lo que se rehusaba en primera instancia, mientras que también metieron en provincia la lista de Aníbal Fernández, con Sabbatella secundándolo. Los resultados de aquella maniobra, de responsabilidades compartidas, son hoy más que elocuentes.

A más de un año de la derrota sufrida en las PASO, Espinoza sigue siendo hoy el presidente del peronismo provincial y mantiene el Gobierno de un distrito decisivo de la mano de Verónica Magario. Se trata de una platea preferencial desde donde analizar el 2017 en términos electorales es más cómodo.

Valga la contradicción, los linamientos planteados hoy por Espinoza y Magario son claramente ambiguos. A poco de que se inicie el año electoral ni en sus propias filas saben a ciencia cierta de qué lado de la mecha los encontrará el 2017.

Aunque hacia adentro ya hay algunas señales firmes de proyecto electoral. Con Fernando Espinoza como acto principal, la idea es llevarlo en un lugar de privilegio en la lista de candidatos a diputados nacionales del peronismo, entendiendo la amplitud del peronismo hoy delimitada por kirchneristas y massistas.

Cualquier contratiempo y/o revés en ese plan, entonces el exintendente está decidido a arrojar anclas en La Matanza y ser el primer candidato a concejal del oficialismo. Aunque hay quienes analizan que esto sería un retroceso en la carrera personal de Espinoza, otros sostienen que su figura es la única que puede unir al justicialismo matancero sin despertar fuertes temblores en un año como el que se avecina.

A pesar de que Verónica Magario encontró en muy poco tiempo un posicionamiento que ni ella sospechaba en la escena nacional, todavía no puede limar rasgos de su personalidad que le juegan en contra en su distrito.

En el peronismo lo grafican así: Fernando te encuentra en un acto y te abraza como si fueses un hermano al que no ve hace mucho tiempo. En el mismo acto Verónica pasa por al lado tuyo y te dice “hola compañero” con gesto de no saber verdaderamente quién sos. Es un detalle menor en el gran contexto electoral, pero que cobra vital importancia en el quehacer diario de la política matancera.

En este marco se puede evaluar que Espinoza y Magario se necesitan mutuamente. El primero porque tiene llegada al militante y al vecino, pero carece de todo lo que el marketing le pide. La intendenta, en tanto, ya almorzó con Mirtha Legrand, pero todavía no consiguió sentarse en la mesa de la familia que la va a votar.

Hay entonces un exjefe comunal con serias posibilidades de pisar fuerte en la Cámara de Diputados o en su defecto seguir construyendo y renovando el peronismo local. También hay una actual intendenta con potencial para traspasar las fronteras de La Matanza.

En ese último punto, y aunque pueda decirse prematuro, en las agrupaciones cercanas al grupo chico de poder ya se habla de una posible sucesora: el nombre de la actual subsecretaria de Desarrollo Social María Laura Ramírez sonó fuerte. Todavía falta mucho y primero hay que pasar el 2017. Aunque los tiempos del peronismo no son los del almanaque y menos en este Distrito, donde los zorros se pisan las colas.

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